jueves, 14 de enero de 2021

¡Mi próximo libro ya está en el horno!

 



Kitamoko es un pequeño triceratops que desea ser un dragón de verdad, pero pronto descubrirá la importancia de ser uno mismo. 

 Cosmin y yo regresamos al mundo infantil con este simpático y divertido cuento del jurásico con las ilustraciones de Lidia Mª Fernández Segura.




Próximamente en librerías y en la web de Ediciones Arcanas

viernes, 25 de septiembre de 2020

LOS CREADORES Y LOS GUARDIANES DE ZAILËN


Al principio de los tiempos, cinco espíritus elementales crearon el mundo. Cada uno estaba hecho de un elemento y dominaba su poder completamente. Tierra, Aire, Fuego, Agua y espíritu.
Cada elemental dio vida y forma a sus propias criaturas, dotándolas con dones mágicos y así, nacieron los cinco reinos mágicos. Luego, los cinco espíritus unieron su magia y crearon a los humanos, dotados de la magia más poderosa de todas: su alma; oculta en su interior para que otros no se aprovecharan de su poder. A ellos les dieron el Mundo Humano.
Durante un tiempo, la paz reinó en los mundos.
Los Creadores no podían permanecer lejos de su hogar, los elementos primigenios, ya que se debilitaban, así que, para que para mantener sus creaciones y que la magia siguiera fluyendo por sus criaturas sin necesidad de que estuvieran ellos presentes, concibieron las Runas de Poder y las ocultaron por el mundo. La magia se canalizaría a través de ellas para evitar su inestabilidad y la destrucción. Pero la vida tiene «vida propia» y algunas criaturas, sin importar la especie ni el elemento del que provenían, nacieron con una facultad especial: eran capaces de usar su propia magia y la de las runas. Los Creadores, maravillados, los llamaron «místicos», por el misterio de su nacimiento, y crearon varios santuarios por todo Zailën. Instruyeron a los primeros para que fueran pasando los conocimientos a los místicos venideros.
»Para mantener el equilibrio y que todo ese poder no fuera explotado de manera malvada, cada creador buscó entre los suyos al más indicado, de alma pura y noble corazón, y lo convirtió en Guardián. Todos salvo el quinto espíritu, el Dios de las Almas, que no halló entre los suyos a ninguna criatura apta para aquella misión.
A los cuatro elegidos se les entregaron las Gemas de Poder, las runas más poderosas de todas, y se les encargó una misión: velar por la paz y el equilibrio de Zailën. Para evitar que las gemas los corrompieran con el tiempo, el Dios de las Almas marcó las runas con un símbolo especial que actuaría como una fecha de caducidad. Cuando se acercase el momento, el símbolo iría desapareciendo hasta hallar al sucesor de cada elemento, que vendría de cualquier especie y elemento. Para encontrarlos, otorgó a cada elegido un brillo especial: el Brillo del Guardián. Y para evitar que los cuatro guardianes se corrompieran, o hicieran algo en contra de la misión, se creó a un Guardián Supremo de los Elementos, que aparecería en caso de que se necesitase su intervención. Esta nueva criatura sería capaz de dominar los cinco elementos para restaurar el equilibrio en caso necesario, pero, para eso necesitaría el Medallón Elemental, un amuleto creado con la magia de los cinco espíritus.
Luego plasmaron su sabiduría en un libro y lo escondieron en un Ancestro para no olvidar nunca lo que habían llevado a cabo. Se dice que ese libro posee la magia del mundo…
Sin embargo, uno de los creadores copió en secreto aquel conocimiento en un segundo libro, donde colocó el Medallón Elemental y lo escondió, a la espera de que el Guardián Supremo de los Elementos apareciera.
Cuatro de los cinco creadores regresaron a su hogar y dejaron su creación a cargo de los guardianes y los místicos. El quinto espíritu, al no haber conseguido encontrar a un sucesor, decidió quedarse y actuar como Guardián de las Almas, el único guardián que nunca ha sido reemplazado.

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